Hasta
la fecha la autogestión ha sido la senda elegida para dirigir
los destinos de la Selección Española de Baloncesto y nada
hace indicar que en este Campeonato de Europa el camino se
vaya a desviar. Los roles siguen estando definidos y los jugadores se
ciñen a ellos. Raro sería lo contrario pues ellos son al fín y al
cabo los que los han repartido.
Este
modelo tan solo tiene una parte mala, cuando el talento individual es
insuficiente. Ante Croacia sobró, pero ante Eslovenia
la pizarra rival nos ha puesto firmes. No será por imprevisto por lo
que ha resultado menos doloroso. Cuando un entrenador que ha
conseguido lo máximo con lo mínimo se planta delante tuyo (crónica
que ya se ha encargado de reseñar el maestro Javier Gancedo
en el próximo número de Cuadernos de Basket) y tú no tienes
armas para contrarrestarlo, o teniéndolas no las quieres utilizar,
sabes que el final de la película no va a ser feliz.
Afortunadamente, si de silogismos de pantalla se tratara, no sería
una película, sería una serie de la que, por otra parte, sólo se
han emitido dos capítulos.
Las
ausencias en el elenco de actores tampoco ayudan, más aún cuando
hay varios interpretes cuyo papel queda poco claro. Nos hemos
acostumbrado a bellos y apuestos galanes en pantalla pero, por ley de
vida, la cámara termina por dejar de quererte. Como le dijo Arturo
Fernández a Carlos Larrañaga, si no aparecían
jóvenes actores para hacer de galán, tendrían que acabar saliendo
a escena con arrugas, bastón y dentadura postiza.
La
conclusión de hoy es que la autogestión no basta cuando tu
talento ya no es el que era. A tiempo están de intentar remediarlo.
Si el director de la serie no tiene bagaje, al menos el ayudante de
dirección sí lo tiene y muy bueno. Hay que aprovecharlo.